Hay monumentos antiguos que impresionan por su tamaño y otros que impresionan por su exactitud. El pozo sagrado de Santa Cristina, en el municipio de Paulilatino, provincia de Oristano en Cerdeña, pertenece al segundo grupo. Sus piedras de basalto están talladas y ensambladas con tal precisión geométrica que, según cuenta el propio centro que gestiona el yacimiento, resulta difícil de asumir que se trate de una construcción de hace unos 3.000 años y no de un edificio levantado con herramientas modernas.
Y sin embargo lo es: obra de la civilización nurágica, la cultura de la Edad del Bronce que llenó Cerdeña de torres de piedra, y probablemente el ejemplo mejor conservado de todos los templos de agua que dejó tras de sí.
El yacimiento se encuentra en la parte meridional del altiplano de Abbasanta, en la Cerdeña centro-occidental, y toma su nombre de la iglesia campestre de Santa Cristina que se alza a pocos metros. El complejo se organiza en dos núcleos. El primero, el más estudiado y el que da fama al lugar, es el tempio a pozzo: un pozo sagrado de época nurágica rodeado de estructuras auxiliares, entre ellas una cabaña de reuniones, un recinto y varias cabañas menores.
A unos doscientos metros al suroeste se levanta el segundo núcleo, formado por un nuraghe de una sola torre, unas cabañas de piedra alargadas cuya datación sigue sin resolverse y un poblado nurágico todavía sin excavar del que apenas asoman algunos elementos en superficie.
A todo ello se suma un tercer estrato, ya cristiano: la iglesia y el novenario de Santa Cristina, donde durante siglos los fieles han seguido acudiendo a rendir culto muy cerca de donde sus antepasados nurágicos veneraban el agua.




