Esto es lo que acaba de descubrir un equipo de investigadores en una investigación publicada en 'Proceedings of the Royal Society B'. Sus observaciones demuestran que los soldados que cargaban con una armadura en el Medievo gastaban dos veces más energía que los que no la llevaban. Se trata de la primera prueba experimental que pone en evidencia que esta coraza de metal pudo entorpecer la labor de los soldados.
Las numerosas guerras y batallas que se sucedieron a lo largo del siglo XV hicieron que los soldados optasen por enfundarse esta pesadísima coraza para protegerse de sus enemigos. No obstante, parece que no tuvieron en cuenta un pequeño detalle: el peso de estas armaduras oscilaba entre los 30 y los 50 kilogramos. Se piensa que el factor peso pudo ser determinante a la hora de ganar o perder un enfrentamiento.