En el comienzo, fue un navegante genovés, Cristóbal Colón, quien guió las proas hispanas hacia el primer descubrimiento del continente americano en tiempos modernos. Ahora, será otro marino itálico el destinado a conducir una vasta expedición española de descubrimiento geográfico y etnográfico.
Alejandro Malaspina será el responsable de este acontecimiento. Sus ojos reciben por primera vez los rayos de sol de este mundo el 5 de diciembre de 1754 en Parma, en el pueblo italiano de Mulazzo. Ya en 1774, es cadete de la Escuela de Guardia Marinas de Cádiz. Participa luego en combates navales donde refulge su valor. Entre 1777 a 1779 da la vuelta al planeta azul en la fragata Astrea. Entre 1776 y 1788 capitanea ahora la embarcación recién mencionada y, quizá entonces, brota en su mente la idea de una prolongada y amplia expedición científica. En 1778, Carlos III lo asciende a capitán de navío. Sus méritos son reconocidos. No sólo su competencia en el arte de la navegación, sino también su valor como guerrero del mar y su cultura general.