Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon han sido
aclamados durante décadas como los artífices de un catálogo musical
incomparable. Sin embargo, detrás de ese muro de sonido grandioso, de
las armonías imposibles y de la producción impecable que definió su era
dorada, existe un nombre que rara vez aparece en los focos: Mike Stone.Nacido en Inglaterra en 1951, Stone comenzó su carrera en los legendarios Trident Studios de Londres como “tea-boy” y operador de cinta. Pronto demostró un oído excepcional y una paciencia infinita para las complejidades técnicas. Su colaboración con Queen empezó de forma discreta en los primeros álbumes del grupo, pero fue en A Night At The Opera (1975) donde se convirtió en pieza fundamental.
La construcción de “Bohemian Rhapsody”, con sus capas y capas de voces superpuestas, requería de una maestría que pocos ingenieros poseían. Stone fue el responsable de hacer realidad esa ambición sonora que muchos consideraban imposible en una época anterior a la tecnología digital.
Tras la marcha de Roy Thomas Baker, la banda confió plenamente en él. Se convirtió en su ingeniero principal y, más tarde, en co-productor de discos tan emblemáticos como A Day at the Races (1976) y News of the World (1977). Brian May lo describió en múltiples ocasiones como “el verdadero héroe anónimo de la banda” y “un auténtico fenómeno”.
Para el guitarrista, Stone no era un simple técnico: formaba parte del equipo creativo que transformaba las ideas locas de Queen en realidad. Su habilidad para manejar overdubs vocales y equilibrar el sonido colectivo hizo que muchos lo consideraran, durante aquellos años, prácticamente como un quinto miembro.








