Las
bicicletas de montaña
son un invento relativamente reciente. Nacieron en las montañas de
California a finales de la década de 1970, cuando los Tom Ritchey, Joe
Breeze o
Gary Fisher se tiraban ladera abajo por la cara este de Pine
Mountain con unas bicicletas de los años de la Gran Depresión que ellos
mismos modificaban.
Desde entonces, las bicicletas de montaña fueron evolucionando hasta
que apareció el elemento que mejor las define: las suspensiones. Éstas
también han experimentado una fuerte evolución desde que llegaron al
mercado. Las simples horquillas de elastómeros pronto se llenaron de
aire.
Como funcionó eso de poner una suspensión en la rueda delantera, el paso
lógico fue hacer lo propio en la trasera, apareciendo las softails y
las suspensiones articuladas. Hoy en día, casi todas las marcas cuentan
con amplias gamas tanto de bicicletas rígidas y semi rígidas como de bicicletas de doble suspensión. ¿Cuáles son las ventajas de unas y de otras?
Ventajas de las bicicletas de doble suspensión
La principal virtud de las bicicletas de montaña de doble suspensión
es su mayor comodidad. Al movernos por terrenos irregulares, las
vibraciones que provocan estas irregularidades se transmiten al
ciclista. Cuando llevas una ruta de cinco o seis horas, hasta la más
mínima ondulación puede acabar provocando innumerables dolores.