Generamos toneladas de residuos. Un porcentaje cada vez más grande vienen de aparatos y dispositivos electrónicos de todo tipo. Detrás de esos restos hay dinero, y también riesgos, de ahí la importancia de establecer un sistema eficiente de recogida, reutilización y reciclaje de estos aparatos... que en la práctica no está funcionando. ¿Qué se hace con ellos?
¿Qué pasa con los aparatos usados?
Cuando un aparato ya no nos sirve, no funciona, se queda antiguo… queremos deshacernos de él. Pero no podemos tirarlo a la basura sin más. ¿Qué hacemos con él? Lo llevamos a un punto limpio (puedes informarte sobre el más cercano a tu casa en www.ocu.org/puntos-limpios) o, si lo cambiamos por otro, lo dejamos en la tienda o pedimos a quienes lo traen a casa que se lleven el viejo. Sin embargo, a las plantas de reciclaje autorizadas no llegan todos los aparatos que desechamos. ¿Dónde se quedan? ¿Se desmantelan para aprovechar materiales? ¿Se convierten directamente en chatarra? ¿Se venden como metal al peso? ¿Acaban tirados en cualquier parte? ¿Tienen una segunda vida, incontrolada, en algún lugar del tercer mundo? Son muchas las sospechas. Y sin embargo, el consumidor, cuando compra un aparato, paga al fabricante la cantidad necesaria para asegurar que se recicla correctamente. Si no es así, y dejando a un lado cuestiones medioambientales,
¿quién se queda con ese dinero?