El escándalo de Milli Vanilli.
El origen de esta historia se remonta a los años ‘70. En esa época, Frank Farian ya triunfaba como productor
y compositor de Boney M, un grupo integrado por cuatro atractivos y exóticos antillanos que hacían las delicias de todas las pistas de baile de la época.
Sus canciones pegadizas, sumadas a la imagen de los cuatro bailarines-cantantes hicieron que el grupo vendiera nada menos que 150 millones de discos. Hacia 1986, cuando el éxito empezó a desvanecerse, el grupo se disolvió y Farian empezó a buscar otros candidatos para repetir la fórmula. Y entonces conoció personalmente al francés Fabrice “Fab” Morvan y al alemán Rob Pilatus, a quien ya había visto en televisión.
Cuando los contempló en el escenario, bailando al ritmo de las canciones de la estrella pop italiana Sabrina Salerno, supo que eran la fachada que estaba necesitando. Jóvenes, negros, con rastas, abdominales marcados, ojos claros en el caso de Rob y grandes dotes de bailarines: una combinación irresistible.

